Don Bolivar Rojas Céspedes, nació en Dulce Nombre de Cartago en 1940, hijo de Don Carlos Rojas Calderón, y Doña Emilia Céspedes Quiros. Un hombre amable, con un gran sentido del humor y de responsabilidad, siempre dispuesto a conversar y sobre todo con una habilidad impresionante para trabajar el metal y convertirlo en una obra de arte, que son los frenos para caballos fabricados por El.

 

Se crió trabajando en fincas, arrancado frijoles, jalando leña, volando machete, cortando caña, con caballos jalando carga con aparejo y con bueyes. Trabajó varios años en la finca las Cóncabas que era propiedad de Don Carlos Láncaster, y que en 1950 fue adquirida por Don Luis Castro.

 

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En repetidas ocasiones, después del trabajo, de regreso a casa pensaba… “cuando voy a poder tener un taller?”.

 

Su espíritu de  hombre emprendedor, le permitía después del trabajo fabricar esteras y petates de vena de plátano, los cuales vendía en 1.25 colones, fabricaba cabos de martillo de guachepelín que los vendía a 6 reales (75 centavos), también, vendía guayabas en la Escuela Esquivel y la Jesús Jiménez, las vendía a dos por cinco centavos y las muy grandes a 4 por dos reales (25 centavos) con el dinero generado compraba “viscotelas” y carne con hueso para hacer sopa.

 

En 1960, salió de trabajar en las Cóncabas (no estaba conforme con el salario de dos colones veinticinco al día), en esos días se iniciaba la instalación de la fábrica de cemento en Agua Caliente de Cartago (una lucha del diputado Emilio Piedra Jiménez al igual que la creación del Instituto Tecnológico), decidió ir a pedir trabajo a la fábrica de cemento. Habían sólo 2 peones y un alemán que se llamaba Hans Grusbel, que era el encargado de montar la fábrica. Este señor había montado el puente sobre el río Térraba. Le pidió trabajo a Don Hans, y él le preguntó cual era la pretensión de sueldo?, su respuesta fue, “usted me paga lo que yo me gane”. Fue así como lo  contrataron por  un salario de dos colones por hora, su  primer trabajo fue limpiar y acomodar angulares, estaba iniciando la construcción del edificio y llegando la maquinaria para la fabricación del cemento. Posteriormente, lo nombraron ayudante de Don Claudio Sanabria, con quien aprendió a apuntalar con soldadura, ahí trabajó por 2 años y medio y cuando salió sabía soldar y conocía el metro.  Conoció a Don Luis Zúńiga, un tornero de predicción graduado del Cobao, quien le ayudó mucho, le enseñó como utilizar el pie de rey y algunos volados del uso del torno.

 

Después de haber salido de la fábrica de cemento, un tío le propuso que hiciera frenos para caballos, su respuesta fue que no sabía cómo hacerlos, su tío le dijo que él tenía uno y se lo prestaba para que lo hiciera. En Cartago casi que sólo se utilizaba la falsilla o jáquima en los caballos. Además, el abuelo un día le dijo ” muchacho tonto no siga haciendo frenos que eso no se vende, haga guruperas y aparejos que eso es lo que compra la gente”

 

Al fin, hizo el freno y quedó muy bien, era una copia de un freno Cartín de pata escuadra, el freno valía cincuenta colones, lo cual era relativamente caro y no se lo querían comprar, Don Luis Castro su ex-patrón se lo compró. Con ese dinero y algüito más se fue a Almacén Macaya y compró una prensa  (que aún conserva)  en 60 colones y una fragua en 200 colones.

 

Inició el proceso sin ninguna guía ni ayuda de nadie. Hoy puede decir que la mejor guía que ha tenido a lo largo de su vida de producir frenos han sido los clientes que le piden un bocado diferente, una pata más larga o un peón más lago.

 

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Para poder trabajar, Don Bruno Miller le vendía varillas de acero inoxidable y soldadura, ahí también compró un taladro con prensa y pedestal en 600 colones, a pagos mensuales de 50 colones.

 

Don Adrián Collado le encargó un freno, se lo hizo y luego trajo a Don Mariano Guardia el dueño de Descarado y el Aldeano, caballos que tenía Fito Pacheco en sus cuadras. Aprovecho la oportunidad para ofrecerles frenos a Chalo Masís, Franco Gutiérrez, Beto Ruiz, Lele Monge y a todos los caballistas de renombre en Cartago, ahí inició en serio la fabricación de frenos.

 

La corriente eléctrica venía a ese pueblo de las 6 de la tarde a las 6 de la mañana. La única opción para poder soldar era iniciar a las 11 de la noche, dado que a las 6 de la tarde todos los usuarias encendían los bombillos y se caía el voltaje considerablemente. La máquina de soldar que utilizaba, era una “tamalera” fabricada por él, en una caja de una  batería de carro vieja a la que se le quitaban las celdas se le ponía agua con sal que se utilizaba como convertidor de corriente alterna a corriente continua, se acercaban el positivo y el negativo de manera tal que aumentara el amperaje.

 

Dado que no tenía máscara de soldar, utilizaba una botella en las que venía el sirope, la  ahumada para evitar el reflejo en los ojos, con su ingenio fabricó un porta electrodo para facilitar el trabajo. No era posible conseguir diferentes tipos de soldadura como los que hay actualmente, trabajaba con una soldadura 680 (para los que conocen del tema), esto hacía difícil echar costuras bonitas.

 

Los frenos no eran fácil de vender, los clientes no los pagaban al contado y eso hacía  difícil recuperar la inversión. Se desplazaba a San José, a la caballeriza de Manuel Bonilla a ofrecer frenos, ahí conoció a Mario Arguedas, dueño del Barú al Dr. Randall Ferris, dueño de Trianero Guajiro, a Álvaro Clachar y Ricardo Rojas Díaz.

 

Manuel Bonilla y Carlos Jiménez (cachiboca) vendían caballos a Nicaragua y Don Bolívar era el fabricante de frenos que llevaban  los caballos, los precios eran entre 50 y 75 colones, ninguno llegaba a 100.

 

Entre sus anécdotas dice que un día llego un campesino del volcán Irazú llamado Hugo Ulloa, era el propietario del caballo el Volcán, un primo de este señor había ido a México, y le dijo que tenía que modificar las barbadas, que tenían que ser planas y entrelazadas, cosa que no era fácil sin tener un molde para hacerlo, empezó haciendo eslabones y utilizando el ingenio para llegar a las barbadas que hoy fabrica, que no sólo son planas sino que son una obra de arte.

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Con la llegada a la presidencia de Nicaragua de Anastacio Somoza de Baile se incrementó el negocio de caballos al país del norte. Se vendió el Descarado y el Aldeano a precios nunca vistos (5000 colones), también inició un proceso de venta de frenos a Nicaragua y a otros establecimientos nacionales que vendían aperos para caballos como ere el caso de la talabartería Araújo, Doctores Echandi, Dr. Lutz y Carlos Hidalgo. Actualmente se pueden adquirir en la tienda El Potro ubicada en Moravia, de Don Federico Hidalgo

 

En 1968, se casó con Doña Olga Céspedes Calderón, adquirió un préstamo de 20 mil colones para construir su casa, tenía que pagar 120 colones por mes, razón por la que buscó trabajo en la empresa Gerber, trabajaba en el día y en la noche fabricaba frenos, los frenos producían suficiente para los pagos del préstamo y el salario le quedaba libre. Su trabajo en Gerber le permitió aprender de máquinas de vacío, calderas, transportadores, etiquetdoras, lo que le dio una gran experiencia en el área de la mecánica y el torno.

 

Ha vendido frenos en Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Puerto Rico. En una ocasión un señor puertorriqueño le pidió 100 frenos, los cuales no tenía fabricados. Se los pagó por adelantado sin ni siquiera saber quien era,  y de ahí salió una relación comercial por varios años, inclusive otro puertorriqueño le solicitó exclusividad y q sólo fabricara para ellos y que no le vendiera a nadie más,  propuesta a la que no accedió.

 

Don Bolívar tiene dos hijos, Luis Bolívar y Freiser Mauricio Rojas Céspedes, Freiser ha estado al lado de su padre en el trabajo del taller y es quien seguirá con la tarea de la fabricación de los frenos, lo que nos garantiza que la tradición sigue.

 

Don Bolivar le da gracias a Dios por la salud, su capacidad de trabajo y por la gran cantidad de amistades que tiene en el mundo de los caballos, “sin la ayuda de Dios no podemos hacer nada”.

 

Si usted quiere adquirir una de estas joyas comuníquese con Don Bolivar al 2551-2719, de seguro lo atenderán muy bien y obtiene una herramienta para usted y su caballo.

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José R. Molina

Jrmolina1801@gmail.com

Costa Rica

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