Cuando se realizan sesiones de educación, reeducación y/o rehabilitación con etología equina; al dictar un taller o simplemente cuando se está reunido con un grupo de personas que presenten interés con respecto a los caballos, es frecuente escuchar algunas preguntas, dentro de las cuales se encuentran:

¿Un ejemplar cerrero o salvaje es más difícil de trabajar que uno que ya ha tenido contacto con el humano?, la respuesta para esta inquietud, siempre es la misma, trabajar con un ejemplar bronco, es más simple que con uno que haya atravesado por manipulación, pues el primero, no trae información, con respecto a las personas y a los implementos que estas usan, es decir, su mente está en blanco; es como pintar en un lienzo desde cero, o se crea una fantástica obra de arte o lo contrario, todo depende de quién lo trabaje.

Ahora bien, si se está hablando de  ejemplares que ya han tenido contacto con las personas, dentro de los cuales pueden encontrarse equinos bien educados o no, en  este tema la pregunta reiterativa es: ¿Por qué un caballo se desboca?  En el fondo la respuesta es muy simple, un equino se desboca porque está huyendo de lo que él, en su mente, considera que es  un depredador que lo está persiguiendo, de esta forma todo puede ser la causa para dicha reacción, un plástico que se sacude de forma intempestiva, un sonido extraño que surge de repente, un movimiento rápido, una sombra, una presión o tensión inadecuada en cualquier porción de su cuerpo, que le provoque dolor o molestia.

Cabe la pena aclarar, que un ejemplar no sale a correr porque si, sin excepción, siempre existe una razón para que tome la decisión de correr sin control y a su modo de pensar, el motivo siempre será vital, aunque para las personas no exista explicación o no lo vean de esta forma.

Si se resumieran las razones por los cuales un caballo sale a correr con su jinete de forma descontrolada, en primer lugar se encontraría un mal adiestramiento, no se le ha enseñado al ejemplar a conocer su cuerpo de forma relajada y tranquila, llevándolo con paciencia, por lo que no entiende la coordinación entre su cuello, manos, patas, lo cual motiva a no comprender las instrucciones con la rienda, ni la presión del freno y muchos menos los comando que le efectúe el montador, por lo que a través del tiempo, en la mente del ejemplar, se irán acumulando progresivamente razones para escapar a todo lo que considera negativo; por lo regular, este tipo de individuos tienden a debocarse porque han sido tratados de forma brusca, se les ejerce mucha presión en la boca y se finaliza “peleando” con estos por la fuerza.

Continuando con las razones, también se encuentra una muy importante y es que los ejemplares no se han desensibilizado y habituado a los diversos estímulos externos de forma adecuada, por lo regular lo que se observa es que se los “somete” al movimiento de algunos objetos, sin tener en cuenta sus reacciones y en especial su comprensión, que se expresa a través de sus cambios fisiológicos como: aceleración en su respiración, bufidos o el estercolar al liberarse del miedo, dentro de muchos otros. Si se ahonda más allá, la principal causa del comportamiento no deseado es un claro desconocimiento de la Etología o comportamiento Equino por parte de los manejadores, adiestradores, entrenadores, jinetes o cualquier persona que trabaje con caballos, lo que motiva aún más el mal manejo, pues no se tiene en cuenta que por ejemplo, para temperamentos altos o de liderazgo, repeticiones inadecuadas promueven el aburrimiento y reacciones contrarias a lo que se espera, como la rabia y la agresión, ocasionando que en algunos casos, que el ejemplar entre en descontrol. Caso contrario, temperamentos muy nerviosos e impresionables, al no efectuárseles el número de repeticiones ideales en el aprendizaje y en el asentamiento de las reacciones, puede desencadenar en shock, paralizando al ejemplar, dando la falsa idea de que ha comprendido, pero cuando enfrentan estímulos similares, este tipo de ejemplares que no están equilibrados, tanto su comportamiento en el trabajo y principalmente en cabalgatas, no será el adecuado, pudiendo salir descontroladamente o bien corriendo sin dirección.

Ahora bien, no todo forma parte del mal manejo, en muchas oportunidades, la carrera descontrolada se motiva por fuerzas mal ejercidas, golpes o incomprensión del comportamiento, a raíz de un dolor físico en alguna porción del cuerpo del ejemplar que no se ha identificado o revisado, así como lastimaduras en boca, en encías; la razón es que en muchas ocasiones quien monta el ejemplar no lo apera, no lo revisa, olvidándose que es un ser vivo y que cada día es diferente, que aunque sea regularmente trabajado en el mismo lugar y por las mismas personas, los factores externos pueden variar, por lo que este debe ser cepillado y masajeado antes y después de montar, tanto para calentar muscularmente el caballo, como para comprobar que todo su organismo se encuentre en perfectas condiciones al tacto y por último para relajar; siempre debe tenerse en cuenta los puntos de sensibilidad, de dolor, siempre debe rasqueteárseles, limpiar crines, cola, pelaje en general, muchas veces se esconden semillas o cardos punzantes que provocan dolor.

Es importante no dejar de lado que también el exceso de trabajo o la falta del mismo, pueden generar tensiones o dolor, así mismo, una piedra en el camino con la cual se tropiezan,  presión inadecuada en su dorso, sobrepeso del jinete, cabe recordar, que un caballo, puede soportar eficientemente sobre su lomo un 20%, como máximo un 25% de su peso corporal, en razas pesadas, , incluyendo la silla y del jinete, en fin, muchos factores pueden promover reacciones negativas,

Ahora bien, otro aspecto importante, es el equipo de trabajo, siempre hay que revisarlo, una cincha excesivamente ajustada, una silla mal colocada o con alto desgaste, una barbada apretada, cambiarle de freno al ejemplar de un día para otro, un jinete inexperto con un ejemplar mal entrenado y trabajado, por ende mal desensibilizado, en fin, en breves palabras, lo que puede ocasionar que un ejemplar se desboque, es todo, cualquier estímulo que el ejemplar considere peligroso e inseguro, provocará una reacción de huída, por lo que jamás hay que descuidar todos los aspectos en cuanto al manejo equino.

Se debe tener muy presente la educación, la cual debe ser positiva, yendo a la velocidad en la cual el equino aprenda, asegurándose que las enseñanzas se han asentado y que al momento de trabajar este repita voluntariamente lo aportado, que esté centrado y serio, aunque conservando las cualidades de su personalidad que lo hacen único.

Nunca debe golpeárseles, esto solo provocará reacciones de miedo y de prevención, que temprano que tarde, se evidenciarán en comportamientos no deseados incluyendo el desbocarse, así mismo, debe tenerse en cuenta su desarrollo físico, se tiende a montar y a exigir un trabajo fuerte a ejemplares que aún no han terminado su desarrollo físico, antes de los tres años, así como su madurez mental; trabajar en coherencia y en concordancia con tal aspecto los ejercicios corporales que se realicen, nunca deben ir en contra de su biomecánica, pues esto generará incomprensión, frustración que puede derivarse en rabia y mal genio, así mismo, se les debe desensibilizar ante objetos extraños, sonidos, movimientos, sombras, superficies, de forma que el ejemplar aunque se asuste, pueda controlar sus reacciones al comprender que no se encuentra en peligro y por ende no se derive en la huída.

Es importante recordar que los aperos, equipos de trabajo, son solo un soporte para que el humano vaya más cómodo, no una forma de controlar al ejemplar, un caballo bien educado, tranquilo, confiable y seguro, no requerirá que el jinete use estribos, silla, incluso puede prescindir de las riendas, por ende del freno, los ejemplares son muy sensibles y responden eficientemente a comandos sutiles, de forma tal, que cualquier objeto que se utilice para el trabajo debe ser comprendido de manera adecuada, no debe producirles dolor, incomodidad, miedo, solo se les debe dar a entender dichos artículos de forma positiva, sin violencia, golpes, maltrato o fuerza, pues lo que se pretende es que el ejemplar obedezca órdenes y atienda instrucciones de forma segura, lo cual se obtiene a través de procesos cerebrales y no de palancas empleadas de forma inadecuada, hay que tener en cuenta que un caballo puede anticiparse positivamente a los comandos del jinete, por tanto protegerá a quien lo guía y lo resguarda, siempre hay que tener en cuenta que ningún implemento, supera la confianza que se crea entre jinete y caballo y que es el conocimiento de su comportamiento, etología, en donde se encuentran las mejores respuestas y los mejores resultados para la educación y el trabajo seguro y confiable con los equinos.

Sandra L. Morales Ospina
Zootecnista U.L.S.
Cel: (57) 3005713968
etologiaequina@hotmail.com
Bogotá – Colombia

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